A diferencia de otras flores blancas, que destilan una opulencia carnal, la fragancia alimonada de la magnolia evoca la frescura de una macedonia de frutas.
Un equilibrio perfecto de bergamota, limón y pomelo, realzado por notas de melocotón y albaricoque, aporta un frescor vigorizante, mientras que el musgo de roble y el pachulí contrastan este paisaje estival como pétalos blancos contra un cielo azul eléctrico. Una vigorizante imagen de la costa atlántica.
Sobre la fragancia - El aroma de las flores de magnolia está más cerca de los cítricos que de las flores. El primer paso de Carlos Benaïm es reforzar el frescor único de la magnolia con bergamota, pomelo y limón. A continuación, la suaviza con un toque de albaricoque, antes de aportar sensualidad, fijación y un vínculo con la piel gracias a una hábil mezcla de vetiver, pachulí y musgo arbóreo. Eau de Magnolia, un acorde aparentemente sencillo, una fragancia estival atemporal.
Sobre el perfumista - Una infancia pasada en Tánger, cerca de las materias primas naturales, dio a Carlos Benaïm el gusto por la belleza. Su formación con el legendario perfumista americano Ernest Shiftan le dio audacia y confianza. En cuanto a su capacidad para imaginar estos elegantes acordes, parece provenir de una misteriosa brújula interior.












Frédéric Malle - Agua de Colonia Eau de Magnolia 








